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Crónicas de la Ruina – Pasiones

[Sed bienvenidos, buscadores de saciedad, a este, el clímax de nuestro espectáculo. Si sois extraños entre nuestra audiencia, no temáis, pues el desenlace de nuestro relato cumplirá con creces su propósito. 

Mas para que no se diga que somos anfitriones desidiosos, os proveeremos de un resumen breve. En una ciudad de eruditos hyshiana, el aprendiz de mago Andresh Vivallgo lamenta el rechazo de su amada Beata, juguetón objeto de sus afectos desde que ambos eran jóvenes. Para consolarlo, su tutor, el alegre Duc Silling, ha introducido a Andresh a las Múltiples Pasiones, dulces divertimentos y excesos escandalosos que han expandido sus sentidos y su mente. Mas aunque Andresh ha probado vinos puros y depravados y hollado la senda del exceso, su corazón aún anhela a su dama. Así se disponen nuestros intérpretes principales:

ANDRESH VIVALLGO: Estudiante de la Universidad Arcana, dotado pero propenso al engreimiento.

DUC SILLING: Tutor de Andresh, que afirma pertenecer a un noble abolengo que nadie puede probar. ¡Sin duda, un viejo sátiro de moral relajada!

LA DAMA BEATA ALBEDENZ: Heredera de la antigua línea noble hyshiana de los Albedenz, antigua amante de Andresh.

EL CABALLERO BRILLANTE: Figura fantasmal que se le ha aparecido a Andresh en muchas ocasiones para hablarle de los pecados y propósitos ajenos. Nada puede discernirse de su aspecto por su voz o a través de su yelmo cerrado.

¡Y ahora, partamos a la brillante Hysh! Se alza el telón y vemos al joven Andresh desolado...].

ACTO VI, ESCENA 1

[Nos hallamos en la galería superior de una elegante torre hyshiana: la Torre Policromática. El brillo naranja de la tarde envuelve, en la distancia, otras grandes torres. Abatido, ANDRESH se asoma a la ventana con la cabeza gacha].

ANDRESH: Ya todo se ha perdido y mi dignidad yace muerta. 

Soy el príncipe de los bufones, salvo por la vestimenta.

[Resuena el tañido juguetón de un violín. SILLING entra en escena por la izquierda].

SILLING: Querido muchacho, temíame que hubieran venido los espectros mecánicos

para arrastrarte al marchito salón de Viejos Huesos.

¿Por qué languideces aquí cuando tanto nos aguarda?

ANDRESH: Tus vicios me han desasosegado, viejo amigo.

¿Pueden devolver a Beata a mi corazón?

¿Pueden restaurar su aprecio por mí?

SILLING: Ah, ¿acaso es esto lo que retrasa tu educación?

¿Capaz eres de conjurar lanzas de flama, pero no calor en un corazón?

ANDRESH: Sé gentil, Silling; aún me duelo de mis heridas. 

Anoche confesarle mis sentimientos quise, 

pues el Baile del Simposio nos estaba predestinado.

Allí nos habríamos entrelazado.

Pero la hallé ocupada con otra alma.

¡No creas que me faltó diligencia!

A su petición robé tomos restringidos. 

Por divertirla me burlé de los nobles dioses.

He tratado de complacerla año tras año,

por disfrutar en ella la paz que yo le ofrecía. 

He dado caza a una sombra de Ulguroth, parece.

Una ilusión envuelta en tus Pasiones.

[SILLING se ríe].

ANDRESH: ¿Así que vienes a burlarte de tu pupilo?

SILLING: ¡Así es, Andresh! He venido a burlarme de ti,

pues eres digno de la mayor burla: 

el bufón que solo oye sus campanillas. 

Observas la herida y no el bálsamo. 

Mas quizá aún puedas hallar dulzura en el dolor.

ANDRESH: ¿A qué te refieres? ¿Qué dolor puede ser dulce?

SILLING: Todo dolor es dulce. ¿No has aprendido nada de estas noches?

Dolerse es saber que vives. 

Todo acto que veo es uno que codicio.

El amor es la ruina del placer más disipado, 

y en el placer se halla la verdad de la vida. 

[El silencio llena la cámara. Una miríada de colores extraños y deleitosos se proyectan sobre SILLING, que se reducen a un blanco grisáceo al alcanzar a ANDRESH. Finalmente, SILLING se aparta].

SILLING: No me has oído; no me has visto. 

Tu corazón está colmado de un ansia infantil.

Pero a ti, Andresh, no puedo desdeñarte sin más. 

Por ti haré un último esfuerzo. 

¡Te mostraré la forma final de las Pasiones 

y proclamaré un nombre secreto! 

[SILLING sale de escena por la izquierda. Las luces se atenúan en torno a ANDRESH y le dan un tono monocromo].

ANDRESH: El Duc no se parece a sí mismo estos días. 

Siempre ha actuado como el bruto más procaz,

un mimo que se burla de todo sin necesidad. 

Pero ahora percibo en él un ánimo derrotado.

[Entra EL CABALLERO BRILLANTE por la derecha].

EL CABALLERO BRILLANTE: Veréis, su Seducción es la Carnalidad.

Hasta ahora todos estos actos no lo han satisfecho.

ANDRESH: Regresáis, mi mirmidón. Mas demasiado tarde. 

Ni vuestro consejo puede ayudarme ya.

EL CABALLERO BRILLANTE: Debéis ver, experimentar y luego escoger.

Alegría. Dolor. Entre ambos polos os halláis parado.

ANDRESH: Ya he soportado las Pasiones.

Pasiones de mente y carne y arte y espada.

¿Qué otro pozo más profundo puede tener Silling preparado?

EL CABALLERO BRILLANTE: Siempre es posible hundirse más hondo.

[EL CABALLERO BRILLANTE sale de escena].

ACTO VI, ESCENA 2

[Vemos un pasillo en las profundidades de la Torre Policromática, con la que estamos familiarizados; en él se distinguen tres puertas. Aunque la mampostería es de una bella blancura, el lugar contiene algo ominoso, y carece de la decoración vivaz y fastuosa que hemos visto en otras partes. Contemplar su parquedad es como contemplar nuestros pensamientos más profundos. No es un buen lugar. SILLING entra en escena por la izquierda, tocando el violín, con ANDRESH a la zaga].

ANDRESH: Lejos estamos de los altos tronos de la verdad, Duc.

¿No importunaron este salón nuestras fiestas?

SILLING: Sí, pues los lugares ocultos alimentan los corazones hambrientos.

Demasiado a menudo ocurre que la mente, 

embebida en libertad, de pronto se torna en cobardía

y culpar a otros de sus vergüenzas busca. 

Mas el deseo se debe demostrar a plena vista; 

no es más que blasfemia la mera ideación.

ANDRESH: Los aelfos enseñan que es mejor callarla en su mayoría.

Que la indulgencia solo conduce a la ruina.

SILLING: Tal no es sino la expresión del derrotismo.

Una vida encadenada por ambiciones escuálidas. 

¡Contempla, por otro lado, a estos rigurosos caballeros!

[La primera puerta se abre y revela largas mesas que crujen bajo delicias culinarias, cada una con un aspecto más exquisito que la anterior. El aire vibra con una neblina que hace la boca agua. Los hombres sentados en torno a la mesa hunden la cara en platos y cuencos, como cerdos en un abrevadero. Curiosamente, todos parecen macilentos y tienen las manos atadas a la espalda.

Los comensales levantan la mirada. Tienen los ojos arrancados o cubiertos por bandas de hierro con pinchos; les han aplastado o cortado las orejas y la nariz, todo por agudizar el sentido del gusto. Cada vez que muerden o mascan resuenan crujidos horribles y les corre sangre entre los dientes destrozados. Mascan esquirlas de aetercuarzo y chillan como gorrinos mientras se desgarran la cara, y les asoman de la garganta fragmentos de piedra del reino].

ANDRESH: ¡Ah, horror! Recuerdo a estas pobres almas.

En nuestra Cuarta Pasión uniéronsenos estos cocineros.

Comimos y bebimos de sus despensas ocultas

y compartimos todos sabores que nos desconcertaron.

Ahora, por su deseo, se destruyen a sí mismos.

¿Qué es esta locura? ¡Qué esperpento!

[SILLING toca una nota inquietante con el violín. Ahora, bajo sus galas, sus extremidades inferiores parecen garrudas y digitígradas]. 

SILLING: Todas las desviaciones cuentan con devotos.

No ha acontecido más que lo que desearon.

Con su arte buscaban provocar emociones.

Ahora es este su plato y consumirlo deben. 

Se cerró un trato y aquí está: trato cumplido.

ANDRESH: ¿Quién pervertiría un placer tan simple?

SILLING: ¡Tiene un nombre secreto! 

Pero observa: aun encadenados, no languidecen. 

¡Se lanzan adelante, aunque les corte! 

Con más gusto que tú aceptan sus ansias 

y más dignos son por su gran abandono.

[Entra EL CABALLERO BRILLANTE por la derecha]. 

EL CABALLERO BRILLANTE: Veréis, su Seducción es la Glotonería. 

Los sabores que ansían desmadejarán sus espíritus. 

ANDRESH: ¡No, esta no puede ser una forma verdadera de deseo! 

[SILLING toca el violín con agilidad]. 

SILLING: Qué hombre tan recio eres, mi joven pupilo. 

Mas quizá tus placeres sean más sutiles. 

¡Por tal desprecio te aclamo, alma trémula! 

Considera, entonces, las verdades de la siguiente puerta. 

[SILLING abre la segunda puerta. En un trono alzado se sienta una aelfa anciana con brillantes ojos plateados. Va vestida como una sofista, una cuentacuentos, con el ceño y los brazos adornados con flores de un brillo cegador. De sus dedos salen hebras de magia que se abren paso a través de la carne de los siervos que bailan al son de su rondel. Se mueven como autómatas de relojería, con sonrisas despreocupadas que les deforman la cara].

ANDRESH: No puede ser, ¡qué extraño desenfreno!

Thelwen, la primera y más amable de las tutoras,

en nuestra Duodécima Pasión, empleasteis vuestras artes,

nublasteis mi razón en un templo plateado

y me colmasteis la mente con fantasías añejas.

¿Qué maldad os ha acontecido?

[De alguna forma, SILLING aparece desde detrás de la puerta abierta y ahora lleva una masca tragicómica y andrógina]. 

SILLING: Nada menos que la que te ha acontecido a ti, querido muchacho. 

Se retuerce rememorando su juventud. 

Se aferra al fantasma de la majestuosidad.

EL CABALLERO BRILLANTE: Veréis, su Seducción es la Supremacía. 

Solo le importa el lustre que ha perdido. 

Nadie más que ella le parece real. 

ANDRESH: Oíd, canta sobre la Ocari Dara. 

¿Pero su llanto se debe a la vergüenza o a la añoranza? 

¡Y mirad, cada sacudida de los dedos le provoca dolor!

[La vieja aelfa alza las manos y emite una nota penetrante. Tira fuerte de las hebras mágicas; mientras cantan panegíricos que alaban su antigua gloria, sus "actores" comienzan a sacudirse entre espasmos. Bajo sus carnes parecen moverse cuchillos, hojas y garras; de sus bocas y las costuras de sus jubones brota una papilla sangrienta de órganos. Mas siguen cantando, aunque en la canción se entremezclan sollozos. De hecho, sus recordatorios se vuelven más apasionados y vívidos al relatar Thelwen la destrucción que causó en Torrecaída. Sus cuerpos acaban despedazados mientras la aelfa se retuerce de alegría, sumergida aún más en el recuerdo].

ANDRESH: ¿Quién se deleitaría así con tal mezquindad?

SILLING: ¡Tiene un nombre secreto!

[De pronto ANDRESH cierra la puerta de un golpe y se vuelve hacia SILLING, furioso. Parte del vigor y la nobleza que poseía en los primeros tres actos ha vuelto. Extiende una mano y en sus dedos crepita la magia lumínica].

ANDRESH: ¡Ya son dos veces las que me hablas así, vieja cabra!

Despreciable tutor y traidor.

¡Tú, que mamas de estas sórdidas exhibiciones!

Ya veo cómo te ha atraído mi debilidad.

¡Rechazo tus atroces Pasiones, 

tus malvados excesos de carne y mente!

BEATA: ¿Andresh?

[La tercera puerta se abre por voluntad propia y revela a BEATA. La mujer, vestida de galas finas, mira en derredor, confusa, antes de salir al pasillo. Pasa frente al CABALLERO BRILLANTE y parece que no se percata de él; después, avanza hacia ANDRESH, en mitad del escenario. SILLING deja de tocar el violín. BEATA tampoco parece verlo].

ANDRESH: ¿Beata? ¿Cómo has llegado a este salón del pecado? 

BEATA: Quería buscarte, corderito perdido mío.

Tu comportamiento de los últimos días me preocupa.

Dicen que con gusto te has profanado.

¿Qué Pasiones te han alejado de mí?

ANDRESH: ¿Alejado de ti? Sin duda, Beata, hablas en chanza.

Pues eres el cuchillo espejado que me apuñala.

Estos pecados que cometo se deben a mi ansia de ti.

Todos los años pasados a la espera de tu correspondencia

me han dejado abierto a estos oscuros crímenes del alma.

BEATA: Andresh, tonto mío, te ruego escuches tus propias palabras.

No son propios de ti estos delirios.

¿Qué hay de nuestras muchas horas de dicha?

Ansías tanto un placer aún inmerecido…

No permitas que te ciegue a deleites más humildes.

ANDRESH: Pero tú, Beata, eres lo único que deseo.

BEATA: El acto de desear te ha hecho débil, cielo mío.

[BEATA se da la vuelta y comienza a alejarse; la luz se atenúa sobre ella y se queda inmóvil. ANDRESH se queda mirando a la nada].

ANDRESH: ¿Débil?

¿Aquí y ahora se atreve a llamarme débil?

Cuando he gozado y sufrido por esto.

Cuando pensaba en desprenderme de esta pecaminosa vestimenta.

Y cuando sus propios deleites no son tan delicados.

[SILLING y EL CABALLERO BRILLANTE se le acercan. Comienzan a caminar en torno a ANDRESH. Es difícil afirmar dónde empieza o acaba cada uno de los tres].

EL CABALLERO BRILLANTE: Veréis, vuestra Seducción es la brillante Vanagloria.

Pues hasta ahora os creéis poseedor de la verdad.

ANDRESH: Todos quieren decirme que no lo es.

¿Pero quién aceptaría mi verdadera alma?

SILLING: ¡Tiene un nombre secreto!

[Durante un largo instante, ANDRESH calla].

ANDRESH: Dímelo.

EL CABALLERO BRILLANTE Y SILLING: Slaanesh. Y ahora te mostraremos cómo te ama.

[EL CABALLERO BRILLANTE se coloca detrás de ANDRESH; parece más su sombra que una persona. Le toma los brazos y lo mueve cual marioneta, guiándolo por imitaciones exageradas de las Pasiones, ahora salvajes, distorsionadas y crueles. SILLING sigue tocando; su violín ha adoptado un carácter feroz y burlón mientras baila y hace piruetas en torno a ANDRESH como un espectro perfumado. De detrás de las tres puertas brota una luz purpúrea; unas zarpas arañan. Hay risitas y canturreos y suspiros, y nada es agradable de oír].

[Se encienden los focos sobre BEATA y puede moverse otra vez].

BEATA: Andresh, querido amigo, ¿qué es esta locura que te atenaza?

Bailas y te retuerces en tus horribles pecados.

¡Así no se comportan los corazones verdaderamente nobles!

[ANDRESH sigue siendo movido por EL CABALLERO BRILLANTE, que hace gestos con desprecio e indignidad. Parece hablar con dos voces, la suya y la del titiritero. Es difícil afirmar si ríe o llora].

ANDRESH: No, Beata. Calma tu débil y cobarde corazón.

Ahora lo veo, y aunque escuece lo disfruto.

Las Pasiones son lo único que existe en el interior.

Las Pasiones son lo que gobiernan estos reinos tan jocosos.

Has rechazado el ardor de mis Pasiones.

Pero veo ahora a un príncipe oscuro que las adora.

Con cada indulgencia lo hemos honrado.

El pecado es ritual; la representación es rito.

¡Venid! ¡Escuchemos a sus cortesanos!

[Se abren las tres puertas. De su interior brotan niebla e incienso. También hay formas que se mueven: formas magras, formas que reptan, con extremidades esbeltas y caras alargadas y garras que se cierran, portando los restos corporales y los espíritus estirados de los pecadores. Mientras ANDRESH sigue presa de la histeria, los daemons llenan el escenario. Arrollan a una vociferante BEATA en una marea de garras y siseos. SILLING también se ha perdido entre ellos: se desvanece riendo; todavía se oye su violín. Todo se torna en una algarabía de ruido y sabor y aroma, de carne pintada y sangre brillante. ¿No os apetece uniros a nuestros intérpretes?

Sí, queridos espectadores: vosotros. Os vemos. ¿Creíais poder presenciar estos excesos sin considerar vuestros propios deseos? ¿Acaso pensabais que no erais también parte de la representación?

El eidolón que era ANDRESH es conducido hasta el proscenio. Os mira a los ojos. También los daemons. ¿Os parecen disfraces?].

"ANDRESH": El pecado es ritual; la representación es rito.

Nos habéis observado; os hemos observado.

Vuestras miradas embelesadas han alimentado el corazón anhelante de nuestro señor.

Por favor, no nos neguéis vuestros deseos.

El dulce Slaanesh quiere escucharlos. Todos y cada uno…

[Todo deseo que hayáis sentido, toda pasión que hayáis sufrido, toda vergüenza que hayáis ocultado se apoderan de vosotros y os arrastran con gentileza, en una caricia tibia que apenas parece una cuchillada. Os levantáis del asiento hacia los brazos abiertos de la corte dispuesta ante vosotros. Tienen los ojos negros. Los dientes, afilados.

Cae el telón].